Escuchar también es prevenir


Hablar de depresión no es solo una conversación necesaria: es una acción preventiva. Especialmente cuando se trata de niños y adolescentes, el bienestar emocional suele manifestarse de formas que no siempre reconocemos a primera vista.

Uno de cada cinco adolescentes ha experimentado un episodio depresivo mayor (NIMH, 2021). En la escuela superior, casi cuatro de cada diez estudiantes reportan tristeza o desesperanza persistente (CDC, YRBS, 2021). Esos no son “casos aislados”; están sentados en nuestros salones todos los días.

Cuando pensamos en la depresión, muchas veces la asociamos con tristeza visible, llanto o aislamiento. Pero al trabajar con niños y adolescentes, sabemos que no siempre es así. A veces llega disfrazada de irritabilidad constante, silencios prolongados, apatía, falta de motivación o incluso conductas desafiantes. En lugar de decir “estoy triste”, puede decir “me da lo mismo”, “no quiero hacer nada” o “déjame en paz”. Y ahí es donde podemos fallar: confundimos las señales de alerta con falta de interés, vagancia o problemas de conducta.

Hay señales que deben llamar nuestra atención, especialmente si duran más de dos semanas: cambios marcados en el ánimo o la conducta, aislamiento, irritabilidad constante, baja motivación, dificultad para concentrarse, cambios en el sueño o la alimentación, y descuido personal o académico. Reconocerlas no implica entrar en pánico, sino detenernos, observar y escuchar con mayor intención.

La prevención no requiere ser especialista en salud mental. Muchas veces comienza con acciones simples pero poderosas: un saludo genuino, una pregunta hecha con interés real, escuchar sin interrumpir ni minimizar, y evitar frases que invalidan como “eso se te pasa” o “no es para tanto”. Estar presentes, de manera consistente, puede marcar una diferencia profunda.

Para muchos estudiantes, la escuela es uno de los pocos espacios donde se sienten vistos y seguros. Los adultos que están allí importan más de lo que imaginan, incluso en los días en que sienten que no están logrando nada.

Pregúntale a tu hijo o hija quién es su persona de apoyo en la escuela, a quién acudiría si necesita hablar o si algo no anda bien. Hablar de la depresión no la provoca, pero ignorarla la empeora. A veces, lo más terapéutico no es tener la respuesta correcta, sino estar presente.

Si alguien necesita ayuda urgente, en Puerto Rico la línea 9-8-8 está disponible las 24 horas del día, los siete días de la semana. Es confidencial y gratuita.

 

Por: Nancy Ruiz
Psicóloga Escolar, Vimenti